Más impuestos a los ultrarricos: la revolución fiscal que cada vez reclaman más voces en todo el mundo

El aumento sostenido de la desigualdad, la creciente concentración de la riqueza y la necesidad de financiar el Estado de bienestar impulsan el debate sobre gravar la riqueza en la agenda política internacional.


«Tienen que pagar más los que más casas acaparan». Con estas palabras, Manuela Bergerot, portavoz de Más Madrid en la Asamblea madrileña, presentó este pasado martes la iniciativa de su partido para convertir el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) en uno «progresivo que grave más a los que más patrimonio inmobiliario tienen». La propuesta de Más Madrid es muy similar a la que presentó hace unos días Zohran Mamdani, alcalde Nueva York: la semana pasada propuso gravar las segundas casas de los ricos en la ciudad estadounidense. Mamdani aseguró al presentar la iniciativa que el dinero recaudado financiará servicios esenciales para la ciudad. 

Las propuestas de Más Madrid y de Mamdani se suman a un debate cada vez más recurrente, el de cómo avanzar hacia sistemas tributarios más progresivos y justos donde paguen más quienes más tienen. Esta idea, cada vez más extendida en la agenda política financiera internacional, aún conserva, sin embargo, un cierto cariz revolucionario porque, a día de hoy, los más ricos siguen sin pagar impuestos, o al menos no pagan los que deberían. 

Eso es lo que afirma el economista Juan Gimeno, antiguo rector de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), actualmente coordinador de la Plataforma por la Justicia Fiscal. Gimeno es de los que creen que en los últimos años hay una mayor sensibilidad para poner más impuestos a los ricos: «Esta es una de esas medidas en que salvo los superricos, todo el mundo está a favor. En Francia, por ejemplo, el 80% de la población apoya esta iniciativa. Pero el tema es especialmente grave cuando todos los análisis demuestran que los ultrarricos no pagan impuestos. Ellos mismos lo reconocen», sostiene Gimeno. 

Par Gimeno, el hecho de que los más ricos no paguen lo que deberían o que incluso paguen proporcionalmente menos que los más pobres «no solo es una falta de equidad manifiesta, sino una pérdida de legitimidad del propio sistema. No tiene ningún sentido». 

Lo cierto es que los Estados necesitan cada vez más recursos para hacer frente a la enorme deuda pública generada con la pandemia, el envejecimiento de la población, el estado de bienestar o la lucha contra la crisis climática. Ante este escenario, muchos economistas señalan que aumentar los impuestos a los más ricos es el camino más directo para combatir la desigualdad y lograr una mayor redistribución de la riqueza.

Lo creen, sin ir más lejos, los ministros de Hacienda de España y Brasil, Arcadi España y Dario Durigan. El pasado sábado, durante la IV Reunión En Defensa de la Democracia, los dos apostaron abiertamente por una mayor tributación de los superricos y multimillonarios del mundo entero. No son los únicos: como dice Gimeno, hay un gran consenso en torno a esta cuestión. El año pasado, Joe Biden, cuando aún era presidente de Estados Unidos, también reclamó más impuestos a los ricos para sufragar el gasto social, aunque luego llegó Donald Trump al poder y ese plan se fue al garete. 

Hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI). reconoce públicamente que la política fiscal es una herramienta clave para abordar la desigualdad, aunque luego sea la institución económica más cauta a la hora de recomendar nuevos impuestos a la riqueza. 

En ese debate también se escuchan, altas y claras, voces como la del movimiento ciudadano Tax the rich (impuestos a los ricos en castellano), iniciativa que en Estados Unidos tiene gran predicamento, o la de Patriotic Milllionaires (Millonarios Patriotas), organización que agrupa a millonarios de países del G-20, pero sobre todo de Estados Unidos y de Reino Unido, partidarios de que los ricos como ellos paguen más impuestos. Todos los años, coincidiendo con la celebración del Foro de davis, Patriotic Millionaires publica una carta abierta en la que se insta a los representantes políticos a actuar contra los excesos del capitalismo y la extrema concentración de riqueza. 

La propuesta de Zucman que abraza la izquierda

El encuentro entre los responsables de Hacienda de España y Brasil en Barcelona contó con la presencia de Gabriel Zucman, economista francés y profesor de la Universidad de Berkeley. Zucman, conocido por su propuesta de instaurar un impuesto que grave cada año el 2% de su riqueza a los superricos, idea que la izquierda abraza con entusiasmo. En Barcelona, Zucman explicó que el 0,0001% de los más ricos posee ya el 17% de la riqueza mundial. Esa tasa global a las grandes fortunas permitiría recaudar 250.000 millones de dólares (212.460 millones de euros) en todo el mundo. En España se recaudarían 5.200 millones de euros al año.

Los multimillonarios a los que se refiere Zucman no son tantos. Según un reciente informe publicado a principios de 2026 por la ONG Oxfam Intermón son unas 3.000 personas en todo el mundo.Sin embargo, esas 3.000 personas han aumentado su riqueza en un 81% desde la pandemia, abunda dicho informe.

Además de acumular mucho dinero, estos ultrarricos se aprovechan de sistemas fiscales poco equitativos y poco progresivos. Es el caso de España. Los responsables del Sindicato de los Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) denuncian desde hace tiempo que los principios de progresividad contemplados en la Constitución no siempre se cumplen.

Los datos que ilustran esta realidad son abundantes. Por ejemplo, los portavoces de Gestha aseguran que una gran fortuna que reciba un millón de euros en dividendos soporta un tipo efectivo en el IRPF del 26,78%, el mismo tipo que, en general, soportan trabajadores o autónomos con bases liquidables de 42.092,64 euros

Otros ejemplo: hace dos días la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) publicó la última edición del  Observatorio sobre el reparto de los impuestos y las prestaciones entre los hogares españoles (PDF)El informe de Fedea constata que en España el 1% más rico tiene un tipo efectivo medio de los impuestos tanto directos como indirectos más bajo que la mayoría de los contribuyentes salvo que el 40% más pobre. Como explicaba en una entrevista a Público Carlos Cruzado, coautor junto a José María Mollinedo del libro Los ricos no pagan IRPF, «los ricos de verdad utilizan mecanismos de elusión fiscal: sociedades, sobre todo grandes empresas, sicav y demás. Pasan los años y la situación sigue igual».  

«Este es un sistema en el que una ciudadanía, que ya está sufriendo la asfixia por el aumento de los precios, es también a quien se le exige que soporte el mayor esfuerzo fiscal. Mientras tanto, enormes concentraciones de riqueza siguen desfiscalizadas o tributando prácticamente nada. Cualquier reforma fiscal seria debería empezar por plantearse una pregunta clara, quienes tienen una mayor capacidad para aportar más», concluye Susana Ruiz, responsable de Justicia Fiscal de Oxfam Intermón. 

Sin embargo, pese a que casi todo el mundo considera que los ultrarricos deberían pagar más, las medidas avanzan lentamente. En este sentido, Oxfam Intermón censura que «solo el 3% de las más de 1.000 recomendaciones sobre política tributaria que ha realizado el FMI a los diferentes Gobiernos a lo largo de los últimos años incorporan propuestas sobre cómo mejorar la tributación a la riqueza y las rentas del capital». 

La riqueza —entendida como la suma de propiedades, acciones, empresas y otros activos material—y las rentas del capital todavía siguen teniendo un mejor tratamiento fiscal que las rentas del trabajo. Por eso, Oxfam Intermón, advierte de que el camino es largo y propone medidas muy concretas para gravar de una vez por todas la riqueza. Esta ONG propone básicamente dos cosas: sistemas fiscales realmente progresivos y poner fin a la excesiva dependencia de impuestos al consumo y otras medidas regresivas que cargan injustamente el peso de la recaudación fiscal sobre los hogares con menos ingresos.

Pese a esa cautela, varios países ya han empezado a transitar ese camino de gravar a los ricos. En España, por ejemplo, se aplica el Impuesto Temporal de Solidaridad de las Grandes Fortunas, un tributo estatal directo que grava patrimonios netos superiores a tres millones de euros.

«Los superricos deberían pagar un impuesto limpio sobre el total de su patrimonio. Pero eso implica más cosas, implica luchar contra los paraísos fiscales, implica una colaboración internacional, es decir, que desde la ONU, la OCDE, la Unión Europea establecieran impuestos supranacionales para dificultar a estos ricos la ocultación de sus bienes», concluye Gimeno.


Fuente: Más impuestos a los ultrarricos: la revolución fiscal que cada vez reclaman más voces en todo el mundo | Público

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