La extrema derecha alemana pone a prueba los límites de la política europea
El triunfo de AfD en Sajonia-Anhalt llega en un momento delicado para Europa con importantes citas electorales en Suecia, Francia e Italia. El resultado alemán amenaza con acelerar un viraje a la derecha que ya está transformando la política europea.
Se podría pensar que la victoria de Alternativa por Alemania en Sajonia-Anhalt no es más que una elección regional. Pero en Bruselas han sonado las alarmas. Se teme el efecto arrastre que podría tener en una Europa en la que las fuerzas de la ultraderecha tienen cada vez más peso político.
Sobre todo porque el calendario electoral europeo viene cargado y apunta en la misma dirección. En Francia hay elecciones presidenciales la próxima primavera y Marine Le Pen encabeza los sondeos. En Suecia se ha votado este domingo 13 de septiembre. Y en Italia, Giorgia Meloni sigue liderando las encuestas, pero le ha salido un rival todavía más a la derecha, el general Roberto Vanacci, lo que podría llevarla a radicalizar todavía más su discurso.
El viraje cada vez más a la derecha también está tentando al Partido Popular Europeo (PPE). Ya hace tiempo que su líder, Manfred Weber, anda flirteando con los grupos de la ultraderecha en el Parlamento Europeo. Cada vez es más larga la lista de votaciones en las que se han alineado. Según The Good Lobby, el PPE ha votado con la extrema derecha más de 20 veces desde 2024. Se han aliado sobre todo en temas como el endurecimiento de las políticas migratorias o el desmantelamiento de las políticas climáticas. Lo que parecía un tabú, se ha vuelto la nueva normalidad.
Aun y así, la extrema derecha se presenta divida en la Eurocámara con los partidos agrupados en torno a tres grupos políticos diferentes y el PPE ya ha elegido su caballo de batalla. “El ECR (Conservadores y Reformistas Europeos) es el mejor amigo del PPE”, explica Sophia Russak, analista del think tank CEPS. Se trata del grupo que integra al partido de Giorgia Meloni y también el que más esfuerzos de camuflaje ha hecho para integrarse en la corriente política mayoritaria. “Es como un constructor de puentes, porque el PPE no quiere ensuciarse demasiado las manos. Así que dejan que la cooperación pase a través del ECR para comunicar con los Patriotas y los Soberanistas”.
El grupo de los Patriotas es el que integra a Vox y al Reagrupamiento Nacional francés de Marine Le Pen. Y fue precisamente ella la que quiso marcar distancias con Alternativa por Alemania para que su radicalismo no empañara sus aspiraciones presidenciales. La gota que colmó el vaso fue cuando uno de sus eurodiputados afirmó que no todos los miembros de las Waffen-SS debían ser considerados automáticamente como criminales.
De esta escisión nació el tercer grupo, el de los Soberanistas, cuyo alma mater es Alternativa por Alemania. Se trata de un grupo que asume su radicalidad sin tapujos y que no juega la carta de la moderación. Por ello a Weber también le interesa marcar las distancias. “Si hay algún tipo de cooperación, será muy secreta, muy discreta, muy oculta”, explica Russak. “No creo que Weber se arriesgue a hablar directamente con eurodiputados de Alternativa por Alemania”.
Pero según una investigación de la agencia de noticias alemana DPA, sí que hubo contactos entre el PPE y los tres grupos de la extrema derecha, incluidos eurodiputados de Alternativa para Alemania. Habrían colaborado para acabar de definir el controvertido reglamento de los retornos que ha endurecido todavía más la legislación migratoria europea. Weber se defendió diciendo que no había ningún tipo de colaboración “estructural” con este grupo.
También en Alemania, el canciller democristiano Friederick Mertz necesita tomar distancias. En su intervención del miércoles 9 de septiembre ante el Bundestag fue contundente a la hora de describir una de las políticas clave de Alternativa por Alemania. “Lo que ustedes defienden aquí, la llamada remigración, no es otra cosa que una limpieza étnica en función del origen y del color de piel”, afirmó. También Vox, en España, defiende la remigración.
La radicalización de los discursos
El auge de la extrema derecha ha llegado a Alemania más tarde que a otros países europeos por razones históricas. Pero lo ha hecho en una de sus versiones más ultras. Y precisamente una de las cosas que más teme Europa es la radicalización de los discursos que ahogan a los partidos tradicionales de centro.
La región de Sajonia Anhalt puede convertirse en el laboratorio de Europa. La única formación que parece dispuesta a dar su apoyo a los ultraderechistas es la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), que consiguió entrar en la cámara por los pelos, consiguiendo cinco escaños. Se trata de una escisión de La Izquierda (Die Linke) con una agenda dura en materia de migración y que sostiene que la izquierda tradicional ha dejado de representar a los trabajadores. Y más allá de la migración coinciden en otro tema clave para Bruselas: la guerra de Ucrania. Ambas formaciones piden el cese del suministro de armas.
Pero se trata de un extraño matrimonio, posiblemente de conveniencia, ya que su agenda económica disiente radicalmente. Mientras la AfD pide bajar impuestos y reducir el Estado del bienestar, BSW defiende salarios y pensiones más altas, así como una mayor protección social.
Y precisamente la economía y las recetas económicas que han dominado Europa durante las últimas décadas están en el ojo del huracán. La pérdida de poder adquisitivo, la desindustrialización y el encarecimiento de la vivienda han alimentado la sensación de que la prosperidad prometida por el proyecto europeo no llega a todos por igual. Y en Alemania, una economía tradicionalmente industrial, la crisis de sectores como el automóvil ha agudizado ese malestar.
El riesgo para Bruselas es que si las fuerzas tradicionales no consiguen ofrecer una respuesta convincente a esa frustración, la extrema derecha termine capitalizándola.
Fuente: La extrema derecha alemana pone a prueba los límites de la política europea | Público

