«EU Inc» es una herramienta de desregulación encubierta
La «empresa de la UE» opcional de la Comisión permite a las empresas registrarse en cualquier lugar y eludir las normas nacionales que protegen a los trabajadores.
El 18 de marzo de 2026, la Comisión Europea presentó una propuesta que podría tener consecuencias de gran alcance para el futuro industrial de Europa, aunque, sorprendentemente, ha pasado prácticamente desapercibida.
A primera vista, la idea parece convincente: un «28.º régimen», un marco empresarial europeo opcional que permitiría a las empresas operar en todos los Estados miembros bajo un único conjunto de normas. La promesa es atractiva: crear una empresa en 48 horas, por menos de 100 €, íntegramente en línea. Un sueño para las empresas emergentes. Un impulso para la competitividad. Una forma de mantener la innovación en Europa.
industriAll Europe no se opone a la innovación. Al contrario, la industria europea se está transformando a un ritmo sin precedentes. Están surgiendo nuevas empresas en todos los sectores: desde las tecnologías limpias hasta las baterías, desde la fabricación avanzada hasta la movilidad. Europa es rica en ideas, talento y ambición.
Pero la innovación no fracasa porque registrar una empresa lleve demasiado tiempo.
El problema no es la rapidez con la que se puede constituir una empresa, sino si esa empresa es capaz de sobrevivir al «valle de la muerte» —esa fase crítica entre la innovación y la expansión a escala industrial, en la que fracasan demasiadas start-ups europeas—. Lo difícil es superar las fases de industrialización y comercialización, y atravesar ese valle sigue siendo un reto inmenso, sobre todo en sectores que requieren un gran volumen de capital, como el de las baterías, donde Europa ya tiene dificultades para crecer.
Lo que estas empresas necesitan no es una nueva etiqueta corporativa, sino acceso a financiación adaptada a la expansión industrial, apoyo a la inversión en infraestructuras, herramientas para garantizar el flujo de caja y gestionar el riesgo en las primeras fases de producción, y acceso a una mano de obra cualificada y competente.
Las iniciativas recientes señalan dónde se encuentran los verdaderos cuellos de botella. Se están desarrollando nuevos instrumentos financieros para aliviar la carga de las garantías de alquiler de naves industriales o para prefinanciar contratos de producción —precisamente porque las empresas emergentes tienen dificultades de liquidez durante la fase de expansión industrial—. Este es el tipo de medidas que marcan la diferencia.
La propuesta «EU Inc», sin embargo, no hace nada de esto.
Una carrera a la baja en materia de derechos de los trabajadores
Detrás del discurso de la simplificación se esconde una realidad más profunda y preocupante. Para industriAll Europe y el movimiento sindical en general, «EU Inc» no es meramente una reforma técnica: plantea graves riesgos para los derechos de los trabajadores, la democracia en el trabajo y la competencia leal.
El primer peligro es la «búsqueda del régimen más favorable» en materia social y normativa. «EU Inc» permitiría a las empresas elegir dónde registrarse sin armonizar la legislación laboral, lo que abriría la puerta a la selección de las normas más laxas, fomentaría el dumping social y socavaría los convenios colectivos. No se trata de una preocupación teórica. Los empresarios ya están dejando claras sus intenciones: la Confindustria italiana ha defendido que «EU Inc» debería reducir al mínimo la dependencia de la legislación nacional —una clara señal de que el objetivo es eludir las normas nacionales siempre que sea posible—. En la práctica, esto convierte a «EU Inc» en un instrumento de competencia entre ordenamientos jurídicos, con los derechos de los trabajadores en juego.
Un segundo peligro radica en las sociedades de buzón y las lagunas en la aplicación de la normativa. Con un registro totalmente digital y controles mínimos, una empresa puede existir sobre el papel en un país mientras opera en otro, lo que plantea graves retos de aplicación para las inspecciones de trabajo, los sindicatos y los trabajadores, y dificulta garantizar que se respeten las normas en la práctica. Existe también un riesgo crítico de abuso financiero: la combinación de una creación ultrarrápida de empresas, unos requisitos mínimos de capital y unos controles más débiles abre la puerta al blanqueo de capitales, la evasión fiscal y el fraude social. Sin garantías sólidas en materia de transparencia y supervisión, «EU Inc» podría facilitar la elusión en lugar de la innovación.
La propuesta resulta igualmente llamativa por lo que omite. No existen garantías vinculantes en materia de negociación colectiva, derechos sindicales o información y consulta. Y lo que es aún más preocupante, los derechos de participación corren el riesgo de quedar vinculados al país de registro, lo que permitiría a las empresas eludir sistemas más sólidos, como la codeterminación. Esto socava un principio fundamental del modelo social europeo: que los derechos de los trabajadores deben seguir al lugar donde se realiza el trabajo. En la práctica, genera incertidumbre para los trabajadores, debilita la representación colectiva y ofrece a las empresas nuevas vías para eludir los derechos establecidos.
Los riesgos tampoco se limitan a la creación de empresas. El mismo sistema que permite constituir una empresa con unos pocos clics también facilita una liquidación por vía rápida. Sin las garantías adecuadas, los trabajadores corren el riesgo de quedarse desamparados: sin salarios, sin protección y sin recurso alguno. Lo que se presenta como una simplificación puede, en realidad, traducirse en una mayor inseguridad.
Es fundamental señalar que, aunque «EU Inc» se presenta como una herramienta para las empresas emergentes, no se limita a ellas. Las grandes multinacionales también podrían acogerse a este régimen, y ahí radica el quid de la cuestión. Lo que se presenta como flexibilidad para las empresas emergentes corre el riesgo de convertirse en un poderoso instrumento para que las grandes empresas eludan las protecciones nacionales más sólidas. En lugar de apoyar la innovación, «EU Inc» podría impulsar la desregulación y desencadenar una carrera a la baja.
Este debate no es abstracto. Se trata de si una empresa puede operar en tu país aplicando normas menos estrictas importadas de otro lugar. Se trata de si los trabajadores pueden comprender sus derechos, defenderlos y organizarse colectivamente. Se trata de si Europa genera prosperidad elevando los estándares —o rebajándolos—.
Si Europa se toma en serio el fortalecimiento de su base industrial, debe centrarse en lo que realmente importa: una agenda de inversión sólida que ayude a las empresas a crecer, instrumentos financieros para superar el «valle de la muerte», políticas industriales que vinculen el apoyo público a condiciones sociales, una aplicación efectiva de la normativa que garantice la competencia leal y el respeto de los derechos de los trabajadores, e inversión en competencias y formación para asegurar el acceso a una mano de obra cualificada. Al mismo tiempo, cualquier marco normativo de la UE para las empresas debe basarse en principios claros: normas ancladas en el lugar donde se realiza el trabajo, derechos reales a la representación y la participación de los trabajadores, y la imposibilidad de que las empresas eludan sus responsabilidades.
Europa no puede competir debilitando su modelo social; debe competir reforzándolo. La innovación y los derechos de los trabajadores no son contradictorios: se refuerzan mutuamente, y un futuro industrial sólido depende de ambos. Lo que Europa necesita no es un atajo para eludir las normas, sino una estrategia que genere inversión, innovación y empleos de calidad. De lo contrario, «EU Inc.» no será recordada como un paso adelante. Se verá como lo que es: no innovación, sino retroceso.
Fuente: EU Inc Is a Deregulation Tool in Disguise – Social Europe

