¿Fin de ciclo o una excepción? La caída de Orbán sacude el relato del ascenso ultra en Europa
El resultado coincide en el tiempo con la primera gran derrota de Giorgia Meloni en Italia y con el repliegue de Marine Le Pen en las municipales de Francia. ¿La caída del primer ministro húngaro responde a factores internos o tiene que ver con el contexto internacional?
«La internacional reaccionaria activó todos los mecanismos de propaganda a su alcance para evitar la contundente derrota de Orbán. Y no solo no consiguió su objetivo, sino que quedó en evidencia la pérdida de su capacidad de persuasión», señala el sociólogo Guillermo Fernández-Vázquez.
Los pronósticos -esta vez- se han cumplido. Viktor Orbán ha perdido las elecciones húngaras tras dieciséis años de recortes, censura y acusaciones de corrupción, dieciséis años en los que el país pasó de ser una «democracia» a funcionar como una «autocracia electoral». La extrema derecha se ha quedado con 55 asientos en el Parlamento de Budapest, frente a los 138 que ha conseguido el candidato de Tisza, Péter Magyar. El resultado no solo será crucial para el futuro de Hungría, sino que también cambiará las relaciones con Bruselas, Washington o Moscú. La familia ultra pierde con esta derrota su principal laboratorio en la Unión Europea. Y uno de los más importantes y consolidados a nivel mundial. ¿Cómo es posible que un primer ministro que lo controlaba todo -medios, universidades, sistema judicial- se haya estrellado en las urnas? ¿Cuáles son las razones detrás de su caída? ¿Este resultado puede entenderse como un freno a la extrema derecha global? ¿Y puede afectar de alguna manera a Vox?
La ecuación tiene demasiadas aristas. Hungría llevaba años con los fondos europeos congelados por las acusaciones de corrupción y malversación, la vulneración de los principios del Estado de Derecho y la negativa de Viktor Orbán a enviar recursos a Ucrania. Este cóctel de sanciones económicas terminó de acentuar una crisis que no dio tregua desde la pandemia y provocó la salida de miles de jóvenes hacia otros países de la Unión Europea. El contexto internacional también es significativo. Orbán nunca ha ocultado su simpatía con Rusia y desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump actuaba como una suerte de hilo entre Washington y Moscú. La caída del primer ministro húngaro coincide además con la primera gran derrota de Giorgia Meloni en Italia -viene de perder el referéndum para la «reforma de la magistratura»- y con unas municipales francesas que no han sonreído especialmente al partido de Marine Le Pen.
«La extrema derecha parece que empieza a tocar techo en distintos puntos de Europa. El motivo no es otro que un cambio en la opinión pública. La inmigración ha dejado de ser el único issue para entrar en competencia con la salud de los servicios públicos, los precios de la energía o la calidad de vida. Los partidos ultra necesitan incorporar la gestión pública a sus discursos -sobre todo, cuando tocan poder- y eso les genera mucho desgaste», precisa Juan Luis Manfredi, catedrático de Estudios Internacionales e investigador del Centro de Estudios Europeos en la Universidad de Castilla-La Mancha. «El hecho de que la extrema derecha frene su ascenso no implica de ninguna manera un crecimiento de las formaciones de izquierdas o de centro, sino que beneficia a las posturas conservadoras y de centroderecha», matiza Javier Martín Merchán, profesor de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia de Comillas. Péter Magyar estuvo hasta hace dos años en el partido de Viktor Orbán y sus eurodiputados están integrados en la familia del Partido Popular (PPE) en Bruselas.
Las voces consultadas por Público, sin embargo, piden «no mezclar» los resultados de las elecciones húngaras de este domingo con los últimos percances de la extrema derecha en Italia, Francia o Eslovenia. «Las encuestas que se habían ido publicando en los últimos meses apuntaban a esa caída de Viktor Orbán, mucho antes de la secuencia enfebrecida con la que arrancó 2026. La derrota responde por tanto a cuestiones puramente internas, como la corrupción y la crisis económica que atraviesa Hungría. La internacional reaccionaria, eso sí, activó todos los mecanismos de propaganda a su alcance para evitar la contundente derrota de Orbán. Y no solo no consiguió su objetivo, sino que quedó en evidencia la pérdida de su capacidad de persuasión«, señala Guillermo Fernández-Vázquez, sociólogo y profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid. «La asociación con el trumpismo no ha provocado la caída de la extrema derecha en Hungría, pero los esfuerzos del trumpismo tampoco han servido para evitar su derrota«, matiza el también autor de autor de Qué hacer con la extrema derecha en Europa (Lengua de Trapo).
Javier Milei, Alice Weidel, Santiago Abascal, Matteo Salvini, Marine Le Pen, Marco Rubio, JD Vance y el propio Donald Trump le brindaron su apoyo durante la campaña a Viktor Orbán. El conglomerado ultra perdió -pese a ello- su brazo armado en la Unión Europea. «Los cambios de tendencia son progresivos y todavía es pronto para sacar conclusiones. Lo que más ha pesado en este caso [Hungría] ha sido la corrupción, toda vez que los conflictos en Oriente Medio y la proximidad con Rusia han favorecido el desprestigio electoral de Viktor Orbán. La derecha radical se queda ahora sin una pieza importante, no fundamental, pero sí importante dentro de Europa», desliza David Lerín Ibarra, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid. «Trump puede ser decisivo en términos electorales para la extrema derecha europea. Le Pen o Meloni se han ido desmarcando en mayor o menor medida de las posiciones de Estados Unidos. Las consecuencias de momento son limitadas, pero no podemos descartar que el trumpismo empiece acortar el ascenso de los candidatos ultra tanto en Europa como en España», añade Guillermo Fernández-Vázquez.
El impacto político de Orbán y Hungría en Vox
Santiago Abascal fue uno de los primeros líderes europeos en reaccionar a la derrota de su colega Viktor Orbán. Lo hizo a través de un tuit. «Hungría era la única nación (…) a salvo de la invasión islamista. (…) Orbán deja una Hungría mucho mejor de la que recibió. Y deja una honda huella en todas las fuerzas patriotas de Europa. Hay que seguir peleando por la soberanía, la libertad y la prosperidad de las naciones», reza la publicación del líder de Vox. El partido también retuiteó un comunicado de Patriots for Europe en el que se denuncia la supuesta «injerencia de la UE» en las elecciones al Parlamento de Budapest. «Patriots va a perder fuerza en Bruselas. Y puede sufrir incluso cierto aislamiento. La derecha tradicional tiene aquí una oportunidad para ganar peso y frenar la transferencia de votos hacia la extrema derecha que hemos visto durante los últimos años. El escenario dependerá de las posturas que adopten estas fuerzas conservadoras, integradas mayoritariamente en el Partido Popular Europeo», sostiene Juan Luis Manfredi.
Vox era posiblemente «la formación que más cerca estaba ideológicamente del Fidesz de Orbán en toda Europa», recuerda David Lerín Ibarra. Los de Santiago Abascal abandonaron, de hecho, la coalición de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) en Bruselas para alinearse con Patriots y con la extrema derecha de Budapest. Y por eso ahora todas las miradas están puestas en la calle Bambú. «Vox queda políticamente en una posición comprometida. El partido se decantó por Patriots porque lo veía una alternativa más viable y con más futuro. Y el tiempo le acabó dando la razón al ECR de Meloni. Orbán va a tener mucho menos poder del que tenía hasta ahora y va a perder su capacidad de veto en Bruselas. Patriots tendrá un grupo parlamentario venido a menos«, recalca Javier Martín Merchán. El profesor considera, no obstante, que los «daños electorales» para los de Abascal apenas van a ser perceptibles en las convocatorias que tienen pendientes en España.
«Las andaluzas no se deciden en Budapest. Y Orbán tampoco tiene capacidad para impactar en el votante de Cádiz. Lo mismo ocurrirá con las próximas generales», vaticina Juan Luis Manfredi. El único actor internacional que puede «anticipar el techo estructural» de la extrema derecha española y que «de hecho, lo está anticipando» es el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Las fuentes consultadas por Público destacan, eso sí, «las pérdidas económicas» que puede provocar en Vox la caída de Viktor Orbán. El partido recibió un préstamo de más de seis millones de un banco húngaro para financiar las campañas electorales de las municipales y generales de 2023. Y su think tank organizó un sinfín de eventos de la mano de universidades húngaras y del Centro de Derechos Fundamentales con el que Budapest desembarcó hace dos años en Madrid. Guillermo Fernández-Vázquez pide por tanto mirar las «consecuencias» desde un punto de vista de «aliados, influencia y dinero», para luego terminar: «Vox pierde un socio fundamental a nivel de infraestructura. La pregunta ahora es si va a seguir atado al trumpismo teniendo en cuenta que le puede pasar factura o si va a empezar a desmarcarse como otras extremas derechas de Europa».

