La ultraderecha global y la democracia liberal miden sus fuerzas en las elecciones de Hungría
Los líderes ultras internacionales se vuelcan con Orbán ante las buenas proyecciones electorales de su opositor, Peter Magyar.
Las elecciones húngaras de este 12 de abril no solo son claves para Hungría, sino también a nivel internacional. El actual primer ministro, Viktor Orbán, representa la ultraderecha global y durante los 16 años de gobierno no ha dejado de recortar derechos sociales y de minar el Estado de Derecho, hasta el punto de hacerse el país a su medida y a la de sus amigos íntimos y oligarcas. Por otro lado, el principal opositor, un conservador liberal, Peter Magyar, promete recuperar el Estado de Derecho y todos los derechos sociales perdidos durante los últimos años, luchar contra la corrupción endémica del país y volverse a acercar a los valores de las democracias liberales que encarna la Unión Europea.
Los medios internacionales y los expertos consideran que se trata de las elecciones más determinantes de Hungría desde la caída del muro de Berlín. De hecho, según las encuestas de varios medios del país magiar, los mismos ciudadanos lo perciben así y la proyección de participación es mucho más alta que en las últimas elecciones generales húngaras. Sin embargo, se trata de unos comicios que van más allá de Hungría: son de una gran importancia tanto para la ultraderecha global, que ha depositado muchos esfuerzos en dar apoyo a Orbán, y para el liberalismo tradicional de las democracias occidentales, el que quiere mantener la Unión Europea y los principales rivales políticos de la Administración de Donald Trump.
Las elecciones húngaras de este 12 de abril no solo son claves para Hungría, sino también a nivel internacional. El actual primer ministro, Viktor Orbán, representa la ultraderecha global y durante los 16 años de gobierno no ha dejado de recortar derechos sociales y de minar el Estado de Derecho, hasta el punto de hacerse el país a su medida y a la de sus amigos íntimos y oligarcas. Por otro lado, el principal opositor, un conservador liberal, Peter Magyar, promete recuperar el Estado de Derecho y todos los derechos sociales perdidos durante los últimos años, luchar contra la corrupción endémica del país y volverse a acercar a los valores de las democracias liberales que encarna la Unión Europea.
Los medios internacionales y los expertos consideran que se trata de las elecciones más determinantes de Hungría desde la caída del muro de Berlín. De hecho, según las encuestas de varios medios del país magiar, los mismos ciudadanos lo perciben así y la proyección de participación es mucho más alta que en las últimas elecciones generales húngaras. Sin embargo, se trata de unos comicios que van más allá de Hungría: son de una gran importancia tanto para la ultraderecha global, que ha depositado muchos esfuerzos en dar apoyo a Orbán, y para el liberalismo tradicional de las democracias occidentales, el que quiere mantener la Unión Europea y los principales rivales políticos de la Administración de Donald Trump.
Orbán ha recibido el apoyo de líderes ultras de todo el mundo. Tanto dentro de la Unión Europea como de fuera. Sin ir más lejos, este martes el vicepresidente de EEUU, J.D. Vance, salió al rescate del primer ministro húngaro y viajó a Budapest para darle apoyo en el último tramo de campaña electoral. El dirigente estadounidense se ha implicado directamente en la campaña y participó en un mitin de Orbán en un estadio de fútbol. Vance se deshizo en elogios al actual primer ministro húngaro y, además, llamó por teléfono desde la tribuna a Trump. «Amo Hungría, amo Viktor (Orbán), es una persona impresionante, que ha hecho un gran trabajo y que nunca dejó que su país fuese ocupado (por la Unión Europea)», se escuchó que dijo el presidente de EEUU.
Dentro de la Unión Europea, Orbán ha recibido el apoyo de los dirigentes y partidos más ultras de todo el bloque, como Santiago Abascal, la francesa Marine Le Pen, la italiana Giorgia Meloni o, entre otros muchos, el neerlandés Geert Wilders. De hecho, Orbán fue el impulsor y lidera la formación Patriotas por Europa, de la cual también forma parte Vox o, entre otros, el francés Reagrupamiento Nacional. Esta formación se encuentra incluso más escorada a la derecha que, por ejemplo, el partido del que forma parte la primera ministra italiana, Europeos Conservadores y Reformistas (ECR). Sin embargo, es la tercera fuerza en el Parlamento Europeo y cada vez tiene más influencia en las instituciones europeas.
El rival de Orbán y la UE
El primer ministro húngaro no se esperaba que su principal rival político saliera de la derecha y no, por ejemplo, de su oposición más tradicional, como los socialdemócratas o los ecologistas. De hecho, Magyar era de su propio partido, el Fidesz, y ha ostentado varios cargos institucionales con Orbán en el poder. Tiene amigos íntimos dentro del Fidesz y, por ejemplo, su esposa fue ministra de Justicia con el dirigente ultra como jefe del Gobierno magiar.
Magyar ha conseguido aglutinar votos de la derecha tradicional y de la izquierda, que ven en él la única oportunidad de vencer a Orbán
Sin embargo, Magyar reivindica ahora que siempre fue la oveja negra del partido de Orbán, una especie de opositor interno desde hace años. En este sentido, sus duras críticas contra el actual primer ministro y el sistema oligárquico húngaro suenan más verdad, al menos a juicio de los húngaros, si vienen de un hereje del partido. Así, Magyar ha conseguido aglutinar votos de la derecha tradicional y de votantes de la izquierda, que ven en él la única oportunidad de vencer a Orbán y devolver al país a los estándares democráticos de la Unión Europea.
De hecho, estas elecciones también son claves para la Unión Europea y, sobre todo, Ucrania. Orbán ha puesto trabas a una gran parte de las iniciativas europeas para ayudar a Kiev a defenderse de la agresión rusa y para sancionar el régimen de Vladímir Putin. Ahora, por ejemplo, Hungría está vetando la ratificación del préstamo de 90.000 millones de euros de la UE a Ucrania, que es determinante para el Gobierno de Volodímir Zelenski, especialmente después de que Trump haya cortado el grifo. Además, el Gobierno de Orbán, que ha hecho de su oposición a Bruselas y a la UE uno de sus principales caballos de batalla electorales, también está bloqueando el vigésimo paquete de sanciones contra Moscú.
En este contexto, varias fuentes diplomáticas de representaciones ante la UE consultadas por Público apuntan que un cambio de gobierno en Budapest podría ser positivo para el bloque comunitario y Ucrania. Ahora bien, también constatan que Magyar ha hecho declaraciones más bien ambiguas sobre su apoyo a Ucrania y su voluntad de cortar los lazos magiares con Putin. «Digamos que en las instituciones europeas hay un cierto optimismo, pero moderado», apunta uno de los diplomáticos.

