De flexibilizar las reglas fiscales a romper con Israel: Sánchez marca perfil propio en la UE
El presidente del Gobierno lanza continuamente propuestas progresistas en la UE a pesar de las pocas probabilidades de que fructifiquen.
Los dirigentes europeos suelen querer aparentar que lideran iniciativas y carpetas en la Unión Europea, que no están solos y que su posición es mayoritaria entre sus homólogos. Pero hay excepciones y hay líderes que, en según qué carpetas, optan por marcar un perfil propio, sin que les importe nadar a contracorriente. Más bien al contrario, incluso les puede interesar para incrementar su proyección internacional, aunque pueda ser de manera meramente simbólica y para poner presión al resto de socios europeos. Uno de ellos es Pedro Sánchez, especialmente durante los últimos días, y a menudo es una voz diferente a la general de la UE con el gran rearme europeo, respecto a Donald Trump o, entre otros, el genocidio perpetrado por Israel en Gaza.
En solo una semana, el presidente del Gobierno solicitó la ruptura del acuerdo de asociación de la Unión Europea con Israel, la suspensión de las reglas fiscales para incrementar las inversiones en las renovables en plena crisis energética por la guerra de Irán y prolongar el plazo de desembolso de los fondos europeos Next Generation para la recuperación económica posterior a las restricciones de la covid. Todas estas peticiones tenían muy pocas probabilidades de éxito, al menos de momento, tal y como se confirmó en la reunión de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea que tuvo lugar el jueves y viernes pasado en Chipre.
La solicitud más ambiciosa del presidente del Gobierno fue la de pedir una excepción en el cumplimiento de las reglas fiscales y que, para incrementar la inversión en energías renovables, los Estados miembros que lo deseen puedan superar el límite de déficit acordado por la UE, que se encuentra en el 3%. Se trata de una propuesta que también lanzó la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, aunque con la intención sobre todo de poder más ayudas directas a la industria y a los hogares que se ven especialmente afectados por el incremento de precio, y no con la vista puesta en la transición verde. Además, los líderes –juntamente con Alemania– pidieron aplicar una tasa adicional a los beneficios extras que obtienen las compañías energéticas en un contexto de encarecimiento de los combustibles fósiles como el actual.
La solicitud más ambiciosa del presidente del Gobierno fue la de pedir una excepción en el cumplimiento de las reglas fiscales
Las dos propuestas, aunque por ahora claramente no tienen el apoyo mayoritario, lanzan un mensaje político muy claro. Sánchez pide que se impulse la inversión en renovables y lo compara con el gran rearme europeo, con el cual sí que se ha permitido una excepción en materia de cumplimiento de las reglas fiscales y los Estados miembros han podido superar hasta un punto y medio el máximo de déficit. Otra vez, La Moncloa claramente prioriza la transición energética ante el gran rearme en un contexto de creciente militarización y ola contraecologista en la Unión Europea.
Cabe recordar que la suspensión de las reglas fiscales es una medida muy excepcional y, por ejemplo, no se aplicó ni en el peor momento de la crisis económica del 2008, cuando se condenó –especialmente a los países del sur– a grandes recortes para que cumplieran con ellas. Más adelante, y vistas las consecuencias de la inflexibilidad en materia fiscal del pasado, la Unión Europea acordó suspenderlas de manera temporal durante las restricciones por la pandemia. Sin embargo, el bloque comunitario no dudó en hacer una excepción para el gran rearme europeo.
El bloque comunitario no dudó en hacer una excepción para el gran rearme europeo
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, no vaciló en ningún momento en rechazar rotundamente la propuesta de Sánchez en la misma rueda de prensa del Consejo Europeo y, por lo tanto, se negó a impulsar una excepción en materia fiscal similar a la que planteó para que las administraciones estatales pudieran incrementar a marchas forzadas el gasto militar. «La cláusula [para suspender las normas presupuestarias] solo puede activarse en caso de una grave recesión económica en la zona del euro o en el conjunto de la Unión Europea. Afortunadamente, no es ese el caso», respondió la dirigente del ejecutivo comunitario, que tampoco se plantea prolongar los fondos Next Generation, tal y como pide Sánchez.
Por otro lado, el presidente del Gobierno insistió en proponer la suspensión del acuerdo de asociación entre la Unión Europea e Israel, que establece un marco prioritario en materia comercial y de diálogo político entre las dos partes. Más allá de que esta medida nunca ha contado con el apoyo suficiente, los Estados miembros ya la tumbaron en el Consejo de Exteriores de la UE del anterior lunes. De esta manera, Sánchez, que presentó la solicitud solamente con Eslovenia e Irlanda –aunque después Bélgica también pidió, al menos, una suspensión parcial del pacto– volvió a marcar perfil propio con Israel y Palestina, a pesar de que sabía que no iba a fructificar.
Contra la guerra de Trump
Sánchez también fue uno de los líderes europeos que, desde un principio, más contundente se mostró contra la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel en Oriente Medio, así como contra las exigencias del Pentágono para que los aliados europeos de la OTAN incrementen su gasto militar a marchas forzadas, hasta el 5% de su producto interior bruto (PIB). Y, justamente cuando se estaba celebrando esta cumbre europea, Reuters informó que la Casa Blanca se planteaba la opción de intentar expulsar a España de la Alianza Atlántica.
El presidente del Gobierno le quitó hierro a las intenciones de la Administración Trump, pero mantuvo su posicionamiento relativo a la guerra de Irán y volvió a defender de manera contundente el derecho internacional y la multilateralidad como base de las relaciones internacionales. Otra vez, Sánchez se erigió como uno de los principales antagonistas del presidente de Estados Unidos en la Unión Europea, donde se encuentra nadando a contracorriente, pero mucho más cómodo que en la política nacional.

