Bruselas intenta contestar la «intimidación» de Trump sobre Groenlandia pero se topa con los tratados de la OTAN y de la propia UE
La isla más grande del mundo depende de Dinamarca pero hay muchos matices sobre una posible reacción del bloque comunitario.
Bruselas no valoraba hasta hace muy poco un escenario para Groenlandia igual o parecido al de Venezuela. Es decir, con una intervención directa de Estados Unidos. Pero eso ha cambiado: Trump quiere la isla más grande del mundo «por razones de seguridad», dice, y está dispuesto a ‘adquirirla’, con una batería de opciones sobre la mesa en la que no se descarta ni la incursión militar ni una anexión propiamente dicha, ni tampoco la «compra» de la misma. En el otro lado, Dinamarca, país del que depende el territorio, y la UE, que ya ve esto como un ataque directo por parte del que hasta hace muy poco era su principal aliado.
«El presidente y su equipo están discutiendo una serie de opciones para alcanzar este importante objetivo de política exterior y, por supuesto, utilizar al Ejército estadounidense es siempre una opción a disposición del comandante en jefe», explicó la Casa Blanca en un comunicado.
Ahora, ¿cómo podría influir en la UE una intervención de Trump en Groenlandia?
El primer paso de los europeos ha sido el de siempre: el de los comunicados. Dinamarca, Francia, España, Alemania, Italia, Polonia y Reino Unido firmaron uno que daba buena cuenta de la situación ante la «amenaza» de Estados Unidos. «Groenlandia pertenece a su gente. Corresponde a Dinamarca y Groenlandia, y solo a ellos, decidir sobre los asuntos que afectan a Dinamarca y Groenlandia», expresaron estos socios, en un mensaje que no solo incluye a miembros de la UE, sino también la posición de Londres. Ese discurso es el que comparten, además, Noruega e Islandia, que tampoco forman parte del bloque comunitario pero tienen a Groenlandia como parte geográfica clave de su entorno.
Además, Francia ha puesto en marcha un plan, que compartirá con el resto de socios europeos, que dibuja la posible reacción de la UE en caso de choque con Estados Unidos. «Queremos tomar medidas, pero queremos dar una respuesta conjunta con los socios europeos. Cualquier forma de intimidación, independientemente de cuál sea su origen, es abordada, y estamos preparando una respuesta», comentó sin dar más detalles al respecto el ministro de Exteriores galo, Jean Noel Barrot.
Con todo, queda la duda de qué pasaría si EEUU atacase Groenlandia con su Ejército. ¿Qué haría la UE? En principio, podría recurrir al artículo 42.7 del Tratado, que obliga a asistir militarmente a un socio del bloque, en este caso Dinamarca. Bruselas insiste en que es «legalmente posible». Eso sí, se podría actuar con otras medidas como sanciones o aranceles, según apuntan algunos expertos consultados por 20minutos. Pero la cuestión está llena de matices: en 1985 Groenlandia decidió no formar parte -mediante referéndum- de la UE, pero al ser un territorio autónomo dependiente de Dinamarca, la asistencia se prestaría al socio. Los expertos inciden en que, en todo caso, se trata de un extremo que no está explorado y por tanto la Unión entraría en terreno desconocido.
«El consenso académico ha ido virando a que sí aplica el artículo mencionado en el caso de Groenlandia«, comenta a este medio Guillermo Iñiguez, doctor en Derecho Europeo, aunque matiza que es una cuestión que «nunca ha estado demasiado clara» porque en realidad esa defensa mutua nunca ha sido aplicable a los territorios considerados «técnicamente» de ultramar, como pasaría en el caso de las Islas Feroe.
Además, añaden un factor importante: Dinamarca es miembro de la OTAN -Groenlandia consiguientemente también-, por lo que un choque militar con EEUU, también aliado, dejaría a la organización sin margen de maniobra. La OTAN no interviene como tal en estos casos y de hecho el artículo 1 de su Tratado obliga a los miembros a resolver sus disputas por medios pacíficos y a abstenerse del uso de la fuerza; un ejemplo reciente ha estado en las tensiones entre Turquía y Grecia.
La OTAN no podría intervenir en caso de choque militar
La UE tendría varias opciones sobre la mesa. Su artículo 42.7, no obstante, a diferencia del Artículo 5 de la OTAN, esta disposición no obliga automáticamente a una respuesta militar, ya que cada Estado decide libremente la forma de su apoyo, que puede ser militar, logístico, de inteligencia u otro. Paralelamente, la UE emitiría una condena formal a través del Consejo Europeo y del Parlamento Europeo y podría proceder a la suspensión o congelación de la cooperación política con Estados Unidos. La salida más lógica, visto lo visto, matizan los expertos pasaría por un refuerzo militar de Dinamarca en la zona, con el apoyo de algunos socios comunitarios, pero, sobre todo, con una negociación diplomática que permita a EEUU tener cierta presencia en la zona sin que escalen las tensiones.
Las fuentes jurídicas consultadas por este medio ven las sanciones como una vía posible, pero compleja: supondría otro tipo de escalada, dicen, con medidas restrictivas contra un país -o individuos estadounidenses- que también tiene un abanico importante de opciones de coerción (es el caso de los aranceles). Asimismo, EEUU se ha convertido en el principal suministrador de gas natural licuado (GNL) a la UE, con un 57% del suministro, según datos del ICIS. Esa ‘guerra diplomática’, que podría llegar incluso a la retirada de embajadores, también podría ser, recalcan, contraproducente para la Unión Europea. Se le daría una excusa a Donald Trump para ir de manera frontal contra el bloque comunitario.
Estos planes de Trump sobre la isla no son nuevos, pues ya avisó en 2019 y 2021 de que eran una opción: de hecho, Groenlandia es un punto clave para el futuro geopolítico, y ya tiene presencia no solo de la UE o de EEUU, sino también de China. El Ártico es el futuro. Groenlandia cuenta con uno de los mayores depósitos de tierras raras del mundo. Estas son imprescindibles en la producción de las baterías de coches eléctricos, ordenadores, pantallas, televisiones o teléfonos móviles. Es decir, un sector capital al fin y al cabo también para la autonomía estratégica de la Unión.
Y es que ahí está la clave: EEUU habla de «seguridad», pero en realidad quiere decir «recursos». Trump puso más o menos palabras en esa idea: «Groenlandia está llena de barcos rusos y chinos por todas partes«, dijo, y afeó a Copenhague entre risas que su refuerzo de la seguridad de la isla fuera «añadir un trineo más». Esa mofa tampoco ha gustado al Gobierno de Mette Frederiksen, que ha pedido ya una reunión a nivel de ministros de Exteriores europeos con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio.
La batalla del Ártico
Todo es, de hecho, parte de una ‘batalla’ por el Ártico, donde confluyen EEUU, Rusia, China y la UE, que también ha iniciado allí su despliegue diplomático porque se trata de una zona muy rica en metales raros, claves ahora mismo para el desarrollo tecnológico y que están en el punto de mira de Bruselas para su estrategia a medio y largo plazo de ser más autónoma en este sentido. Groenlandia, además, tiene una posición geográfica decisiva. Está en el Atlántico Norte, entre Europa y Norteamérica, al otro lado de la bahía de Baffin, frente a Canadá. Es la isla más grande del hemisferio norte y un 85% de sus 2,1 millones de kilómetros cuadrados están cubiertos por el hielo. Su población apenas llega a los 60.000 habitantes, concentrados en la costa sur. Alrededor del 88% de ellos son inuit.
Debajo del hielo, inmensos tesoros. En Groenlandia hay yacimientos de rubí, que se explotan desde 2007, y grandes depósitos de hierro, aluminio, níquel, platino, tungsteno, titanio, cobre y uranio, todos ellos por extraer. En 2021, el Gobierno groenlandés aprobó una ley que prohíbe la extracción de uranio.
Y además de todo eso, tierras raras. La isla ártica es considerada el depósito más grande de tierras raras el mundo. Éstas se utilizan en teléfonos móviles, vehículos eléctricos y otros aparatos electrónicos de consumo, pero también en bombas y otras armas. En la actualidad, China es uno de los principales proveedores de estos minerales. Hay mucho que extraer y por culpa del calentamiento del planeta hacerlo va a ser más facil. El cambio climático, podría dejar a la vista (accesibles) buena parte de esos enormes recursos naturales. Además, con el deshielo podrían abrirse nuevas vías fluviales en la región ártica: esas vías son las que quiere explorar Donald Trump; las razones de seguridad son razones comerciales, y la UE está en proceso de entenderlo.

