España propone reestructurar la deuda del fondo europeo de recuperación para dar 70.000 millones extra a la UE

Cuerpo presenta un plan para reperfilar el pago de intereses del Next Generation con objeto de liberar 11.000 millones al año en el presupuesto europeo.


El debate sobre el presupuesto europeo está en marcha y será una de las grandes batallas políticas del otoño bruselense. Alemania quiere duros recortes. La Comisión Europea ha presentado un proyecto para el periodo 2028-2034 con un ligero incremento que no contenta a nadie. Hay que invertir más en el pacto verde tras un verano aciago, en la competitividad europea en medio de grandes temores sobre la IA y la competencia de China, y en defensa con el mundo patas arriba. Europa, además, quiere acelerar la negociación para evitar que las elecciones francesas, con Marine Le Pen en cabeza, intoxiquen todo el debate. En medio de ese contexto, España es un perro verde. No está entre los frugales pero va a ser contribuyente neto por primera vez. No es el país más partidario de armarse hasta los dientes pero admite que hay que hacer esfuerzos en defensa. Y sus prioridades tienen otro acento: la frontera Sur y seguir con un crecimiento que triplica el de los socios. La ambición está desaparecida con un presupuesto raquítico, que se limita al 1% del PIB europeo (frente a un 25% de EE UU), pero España quiere hacerse oír: el Gobierno presentará esta semana una propuesta que contrarresta la tijera de los países más ortodoxos y que cuenta con un conejo en la chistera. De 70.000 millones de euros, nada menos.

Se trata, en pocas palabras, de rehacer el calendario de repago de los intereses de los fondos Next Generation, el estímulo postpandemia. Y de tener así dinero fresco para invertir en las agendas prioritarias, con las finanzas públicas de los países bajo presión. Esa medida supondría un margen extra de 11.000 millones anuales y hasta 70.000 millones de euros para el presupuesto europeo entre 2028 y 2034, según los cálculos del Ministerio de Economía. Con esas cifras sobre la mesa “se liberaría espacio fiscal para inversiones estratégicas”, según un documento al que ha tenido acceso EL PAÍS.

Se trata de hacer un poco de ingeniería financiera, algo muy habitual en Bruselas. La propuesta de la Comisión supone la concentración del esfuerzo que debe hacer Bruselas para repagar la deuda asumida en los primeros años de forma desproporcionada, limitando el margen de maniobra para otras políticas.Supone una amortización fija de24.000 millones anuales entre 2028 y 2034; 168.000 millones en pagos totales durante el periodo. Frente a ese perfil en la devolución de los intereses de los fondos, Españapromueve un esquema alternativo basado en un esfuerzo fiscal constante en el tiempo, con repago como porcentaje constante del PIB europeo, que distribuiría la carga de forma más equitativa y daría espacio fiscal para inversiones estratégicas en el próximo presupuesto.

El expresidente del BCE, Mario Draghi, calculó en su día que Bruselas podría ahorrar incluso más, hasta 30.000 millones al año a partir de 2028 (el ejercicio en el que hay que empezar a pagar intereses), con un rollover, una operación que consiste, grosso modo, en refinanciar el endeudamiento con varios mecanismos, como ampliar los plazos de devolución. Ese debate lleva meses encima de la mesa en la UE. Pero los sospechosos habituales −con Berlín, como siempre, a la cabeza− se oponen con fiereza a emprender ese camino.

Y aun así, España quiere abrir ese melón. El vicepresidente económico, Carlos Cuerpo, presentará en el Ecofin de Dublín (la reunión de ministros de Economía y Finanzas de los Veintisiete) esa propuesta. Economía ya ha mantenido contactos con algunas capitales y con los servicios jurídicos de la Comisión Europea para comprobar que el encaje legal es el adecuado, según las fuentes consultadas. “Se trata de una propuesta pragmática, que permitiría reducir los reembolsos durante el próximo presupuesto multianual”, respetando las reglas y “ofreciendo una alternativa más asumible para los frugales”, los países partidarios de recortes, según el citado documento.

Sin ese dinero quedarían tres opciones. Una: recortar el presupuesto (algo que parece impensable con los desafíos que Europa tiene por delante). Dos: aumentar los recursos propios (con impuestos europeos, muy difíciles de sacar adelante). Y tres: pedir más contribuciones a los socios, una solución inviable políticamente con la deuda pública muy arriba, los tipos de interés al alza y varios años de estancamiento. Con esos 11.000 millones anuales, 70.000 millones en total durante todo el horizonte presupuestario, habría colchón suficiente para redirigir estas cantidades hacia otras prioridades de gasto sin incrementar las contribuciones nacionales, siempre según las fuentes consultadas. Sin ese margen extra es más difícil invertir en el pacto verde, en la agenda de competitividad y en seguridad sin tocar las dos grandes partidas históricas, cohesión y agricultura, que se llevan dos de cada tres euros del presupuesto de la UE.

El presidente del Consejo Europeo, António Costa, está en plena gira por las capitales para tratar de acercar un acuerdo ante las dificultades relacionadas con el ciclo electoral de 2027, con comicios en España, Francia, Italia, Polonia, Grecia y Finlandia. La presidencia irlandesa de la UE prepara una propuesta para la cumbre europea de mediados de octubre, y habrá tres cumbres adicionales hasta final de año: la negociación debería estar cerrada para el Consejo Europeo del 18 de diciembre, según fuentes comunitarias. España, al frente de un bloque socialdemócrata muy debilitado, defiende un proyecto ambicioso que combine las políticas tradicionales (PAC y cohesión) con las nuevas prioridades. Y empuja en varias direcciones. Una: con la crisis de Ceuta, pretende conseguir un estatus singular para Ceuta y Melilla y un mayor respaldo europeo a la frontera Sur, descuidada con respecto a otros riesgos geoestratégicos. Dos: promueve un impuesto a las petroleras (junto a media docena de países) que daría a la UE más recursos propios en la lucha contra el cambio climático, algo improbable porque requiere unanimidad. Y tres: ha presentado una propuesta para la emisión de deuda común, uno de los grandes tabúes alemanes aunque ese Rubicón ya se ha cruzado dos veces (con Ucrania y los Next Generation).

Cuerpo cuenta con una baza inédita. España será el cuarto mayor contribuyente neto en los próximos presupuestos, cuando siempre fue perceptor de fondos, según fuentes de su ministerio. El mayor obstáculo son las fieras reticencias de Alemania y sus satélites: Bruselas ha puesto sobre la mesa un presupuesto de 1,73 billones de euros (el 1,23% de la renta nacional bruta de la UE), pero Berlín exige un gigantesco recorte de 400.000 millones de euros, según algunas fuentes, en un contexto de necesidades de inversión sin precedentes. Esta es una vieja historia: el fútbol es un deporte en el que juegan 11 contra 11 y gana Alemania, solía decir el futbolista inglés Gary Lineker; la negociación presupuestaria en la UE es un juego de 27 en el que también es Alemania quien suele llevarse al gato al agua. Más aún con Ursula Von der Leyen al frente de la Comisión Europea. “Nuestro presupuesto definirá nuestro futuro”, dijo este miércoles Von der Leyen en Estrasburgo: España irrumpe en ese lío en un contexto de pesimismo, con el tablero internacional plagado de riesgos, con los desafíos industriales y de seguridad y con un calendario electoral endiablado. Pero quiere pelear.


Fuente: España propone reestructurar la deuda del fondo europeo de recuperación para dar 70.000 millones extra a la UE | Economía | EL PAÍS

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