La ofensiva de la extrema derecha para desmantelar la Unión Europea desde dentro
En las últimas semanas, tanto la francesa Le Pen como la alemana Weidel han viajado al Parlamento Europeo para explicar cuál es su plan para erosionar Europa. La idea es quitar competencias a Bruselas hasta convertir la UE en una cáscara vacía. «Es un discurso muy populista. Dicen que no van a salir de la UE pero que van a limitar la cantidad de dinero que dan porque no entienden por qué hay que ayudar a los búlgaros o a los griegos», dice Ariadna Ripoll.
La experiencia del brexit dejó un sabor amargo entre los partidos de la extrema derecha. De ahí que la idea de abandonar la Unión Europea ya no figure en los programas políticos de la francesa Marine Le Pen o de la alemana Alice Weidel. El frexit y el dexithan desaparecido de su vocabulario, tras comprobar que a Reino Unido el divorcio le ha salido caro.
Ahora su proyecto es cambiar la Unión Europea de manera profunda desde dentro. Y han decidido que es el momento de pasar a la acción. En las últimas semanas, tanto Le Pen como Weidel han viajado a territorio hostil, al Parlamento Europeo, para explicar cuál es su plan para erosionar Europa. Lo han hecho en sendas reuniones al margen de la plenaria.
La idea es quitar competencias a Bruselas hasta convertir la UE en una cáscara vacía, quitando poderes a las instituciones para devolvérselo a los Estados miembros. El partido francés Agrupación Nacional habla de construir una alianza de gobiernos nacionalistas. «Hoy tengo aliados para transformar esta Unión Europea en una Europa de las naciones», dijo Le Pen. Alternativa por Alemania quiere renegociar los tratados europeos para crear una confederación de Estados soberanos y Weidel se dice dispuesta a «cooperar» para «restaurar el orden» y «acabar con el caos en Europa».
Para cooperar, primero necesitan ganar las elecciones, un escenario plausible a tenor de los sondeos. En Alemania, la próxima cita electoral está prevista para 2029, pero en Francia las presidenciales están a la vuelta de la esquina, con la primera vuelta prevista para el próximo 18 de abril. Y no es la única cita clave de 2027. Le Pen ya ha anunciado que espera unir fuerzas con los partidos nacionalistas tras las elecciones en España, Italia y Polonia para cambiar el equilibrio político europeo. «Estos cuatro grandes países pueden hacer bascular la dirección que la Unión Europea ha seguido durante años y que nosotros cuestionamos formalmente», ha dicho Le Pen.
La Unión Europea lleva tiempo virando hacia la derecha y parte del éxito de Le Pen y Weidel va a depender de cómo reaccionen los partidos conservadores tradicionales. «Si empiezan a repetir este tipo de mensajes y entran en un diálogo a este nivel, puede ser muy peligroso«, explica Ariadna Ripoll, profesora del Centro de Estudios de la Unión Europea de Salzburgo. «Y no sólo para el proyecto europeo, es peligroso a nivel de democracia en general porque los programas que presentan son muchas veces iliberales».
La dificultad para la extrema derecha radica en unir fuerzas cuando su objetivo declarado es defender los intereses de sus propios países. Por el momento han encontrado un terreno de entendimiento en algunos temas, como la lucha contra la migración o contra las políticas verdes de la Unión Europea. Dos ámbitos a los que han logrado arrastrar a los partidos conservadores de centroderecha.
Pero el hecho de que la extrema derecha esté dividida en tres grupos en el Parlamento Europeo dice mucho sobre las cuestiones que les separan y las dificultades que tendrán para entenderse. De hecho, Le Pen hizo de todo para que Alternativa por Alemania no formara parte del grupo Patriotas por Europa al que pertenece su partido. La consideraba demasiado radical para hacer avanzar su normalización política.
Pero en sus programas europeos hay varios puntos de coincidencia. Alternativa por Alemania quiere acabar con las elecciones directas al Parlamento Europeo y reducir el papel de la Comisión a funciones administrativas. «Tenemos que devolver las competencias a los parlamentos y a los gobiernos nacionales», ha dicho Weidel. Le Pen propone por su parte un «recorte masivo» de puestos de trabajo en la administración de la Unión Europea, argumentando que con sus políticas soberanistas, Bruselas tendrá «menos cosas que hacer y necesitará menos recursos«.
Otra idea que comparten es la de reducir las contribuciones económicas de sus respectivos países al presupuesto comunitario. Le Pen lo ha cuantificado y propone rebajar la aportación neta de 8.000 millones de euros anuales a 5.000 millones. Pero no se puede olvidar que si bien Francia y Alemania se cuentan entre los países que más contribuyen, también se benefician de las ayudas europeas. «Es un discurso muy populista», explica la profesora Ripoll. «Dicen que no van a salir de la UE pero que van a limitar la cantidad de dinero que dan porque no entienden por qué hay que ayudar a los búlgaros o a los griegos». Históricamente, las regiones del este de Alemania se han beneficiado de manera significativa de los fondos europeos de cohesión, y Francia es el principal receptor de las ayudas directas de la Política Agraria Común.
Entre los puntos de fricción que enfrentan a Le Pen y Weidel destaca el papel del Banco Central Europeo (BCE). La dirigente francesa quiere que la institución dé más peso al crecimiento económico y la inversión, mientras que la alemana quiere que se ciña estrictamente a su mandato de estabilizar los precios. Alternativa por Alemania acusa a la institución de financiar indirectamente la deuda pública de los Estados. «Existe una prohibición de que el Banco Central Europeo financie la deuda pública de los Estados. Sin embargo, ¿qué está haciendo el BCE, si no financiar la deuda pública?», se preguntó durante una rueda de prensa en el Parlamento Europeo. La divergencia cobra especial relevancia en un momento en el que Francia afronta un fuerte encarecimiento de su deuda.
Mientras tanto, en Italia la extrema derecha gobierna de la mano de Giorgia Meloni desde 2022. Sus relaciones con la Unión Europea han sido mucho más pragmáticas de lo que Bruselas temía inicialmente, habida cuenta de su pasado euroescéptico. La primera ministra ha optado por defender los intereses italianos desde dentro de la UE, en lugar de plantear una ruptura con la UE. Su objetivo ha sido principalmente económico, para asegurarse la recepción de los fondos del Plan de Recuperación europeo.
Bruselas también ha valorado el alineamiento de Roma con Ucrania frente a Rusia, una postura que distancia a Giorgia Meloni de las líderes de Agrupación Nacional y de Alternativa para Alemania, ya que ambas apuestan por cortar la financiación a Kiev.
Meloni ha seguido pues la vía de la normalización política y ha tratado de influir en la política europea desde dentro. Unos pasos que parece querer seguir la francesa Marine Le Pen y a los que se resiste la alemana Alice Weidel. Pero el futuro de la Unión Europea podría depender, en buena medida, de su capacidad para entenderse y articular una estrategia común, más allá de sus intereses nacionales.
Fuente: La ofensiva de la extrema derecha para desmantelar la Unión Europea desde dentro | Público

