Poner a las personas en el centro de la revolución de la IA en las finanzas
El sector financiero europeo se apresura a adoptar la inteligencia artificial, pero los trabajadores se están quedando atrás sin voz en la transformación.
La transición digital ya no es una perspectiva lejana para el sector financiero europeo: es una realidad presente. Según la OCDE, aproximadamente el 95 % de los bancos de la Unión Europea ya están utilizando o desarrollando aplicaciones de inteligencia artificial y aprendizaje automático. Desde el comercio de alta frecuencia hasta el asesoramiento personalizado en materia de inversiones, la inteligencia artificial se promociona como un motor de eficiencia y productividad sin precedentes. Sin embargo, bajo la superficie de estos avances tecnológicos se esconde un reto crítico en materia de gobernanza: ¿cómo podemos garantizar que los algoritmos que gestionan el dinero, las inversiones y la calificación crediticia sean también justos para las personas que operan esos sistemas?
Una investigación reciente publicada por el ETUI pone de relieve una preocupante desconexión entre el ritmo de adopción de la IA y la evolución de las protecciones laborales. Si bien la histórica Ley de IA de la Unión Europea (Reglamento 2024/1689) representa un paso histórico en el establecimiento de normas mundiales, su marco actual sigue estando muy inclinado hacia la protección del consumidor. En el sector financiero, esto significa que la ley recientemente adoptada presta mucha atención a los riesgos de la calificación crediticia sesgada o las calculadoras de primas de seguros, clasificándolos acertadamente como «de alto riesgo», pero ofrece muchas menos garantías a los trabajadores cuyas profesiones están siendo transformadas por estas mismas herramientas.
La brecha de gobernanza que deja a las y los trabajadores expuestos
Para los empleados del sector financiero, la integración de la IA en sus actividades diarias es un arma de doble filo. Si bien muchos trabajadores afirman que la IA ha mejorado su rendimiento y su satisfacción laboral, muchos otros albergan profundas inquietudes sobre la seguridad del empleo, la vigilancia invasiva y las medidas disciplinarias automatizadas. Estos riesgos no son meramente teóricos: la gestión algorítmica puede conducir a una intensificación excesiva del trabajo y a una toma de decisiones «opaca» que deja a los trabajadores con pocos recursos cuando las cosas salen mal. Sin una supervisión transparente, el uso de sistemas de IA en la contratación o la supervisión del rendimiento corre el riesgo de reforzar los sesgos preexistentes, lo que agrava aún más las disparidades sociales y económicas.
A pesar de la adopción de la Ley de IA y las posteriores propuestas normativas a nivel europeo, el panorama jurídico en toda Europa sigue estando fragmentado. Una revisión comparativa de doce países —Dinamarca, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Islandia, Italia, Noruega, Rumanía, España, Suecia y Turquía— revela una ausencia generalizada de legislación laboral específica en materia de tecnología para abordar los riesgos laborales relacionados con la IA. La mayoría de los países siguen basándose en leyes preexistentes de protección de datos y lucha contra la discriminación que nunca se diseñaron para la era de los sistemas algorítmicos. Esta «brecha de gobernanza» crea un entorno precario en el que el poder de las herramientas digitales puede superar fácilmente la capacidad de los marcos jurídicos tradicionales para proteger el bienestar de los trabajadores.
Por qué el diálogo social es la pieza que falta
Aquí es donde deben intervenir el diálogo social y la negociación colectiva. Las pruebas sugieren que los cambios tecnológicos tienen más éxito y son más sostenibles cuando se gestionan mediante la asociación y la colaboración, en lugar de la imposición unilateral. Por lo tanto, la gobernanza eficaz de la IA debe ir más allá del mero cumplimiento técnico o de unas vagas directrices éticas: requiere una supervisión democrática, una elaboración participativa de las normas y mecanismos institucionalizados de rendición de cuentas.
Ya están surgiendo modelos prometedores. A nivel europeo, la Declaración conjunta sobre los aspectos laborales de la inteligencia artificial, firmada por los interlocutores sociales del sector bancario en 2024, ofrece un modelo transnacional único para codificar los derechos de los trabajadores en la era de los algoritmos. En España, el Convenio Colectivo Nacional del sector bancario ha puesto el listón muy alto al garantizar derechos específicos de transparencia y garantías de «human-in-the-loop», asegurando que ningún algoritmo tenga la última palabra sobre la actividad y la carrera profesional de los trabajadores. Del mismo modo, en Italia, el Comité de Transformación Digital, Inteligencia Artificial y Protección de Datos de Intesa Sanpaolo ofrece un modelo de cómo las empresas y los sindicatos pueden determinar conjuntamente el camino del cambio tecnológico a través de un diálogo continuo y estructurado.
Estas «islas de excelencia» deben convertirse en la norma y no en la excepción. El futuro del sector financiero europeo —y, a mayor escala, del propio modelo social europeo— depende de la capacidad de las instituciones y los interlocutores sociales para integrar la IA en un marco negociado de derechos y deberes. Esto significa garantizar que los sindicatos y los representantes de los trabajadores no solo sean informados, sino que también sean consultados activamente sobre el diseño y la implementación de los sistemas de IA. También significa invertir en competencias digitales, no como una medida reactiva, sino como una herramienta proactiva para el empoderamiento de los trabajadores.
A medida que avancen los próximos años, el debate sobre la gobernanza de la IA debe cambiar de enfoque. En lugar de concentrarse exclusivamente en el potencial económico de la IA, el énfasis debe desplazarse hacia cómo se pueden gobernar estas tecnologías para que sirvan a la sociedad en su conjunto. Al dar prioridad al diálogo social estructurado y reforzar los mecanismos de negociación colectiva, los mercados laborales europeos pueden conciliar sus ambiciones de innovación digital con la preservación de un modelo social centrado en el ser humano.
Fuente: Putting People at the Heart of the AI Revolution in Finance

